La experiencia reunió naturaleza, gastronomía, producción, música y tradiciones, con los vecinos como grandes protagonistas. La iniciativa busca posicionar a este rincón de la Capital como un nuevo destino de turismo rural y comunitario.
Entre aromas de comidas caseras, música, danzas, artesanías y paisajes naturales, Banda de Varela vivió una jornada especial que permitió descubrir y poner en valor su enorme potencial turístico. La propuesta “Un día de campo en Banda de Varela” convocó a vecinos, productores, emprendedores, artistas y visitantes en una experiencia que demostró que la Capital también tiene mucho para ofrecer desde su identidad rural.
La actividad se desarrolló en Finca Lobo, mediante el trabajo de la Asociación Frutihortícola de Banda de Varela, que la propuso en el marco del programa municipal “Ciudades Anfitrionas / Barrios Turísticos”, impulsado por la Secretaría de Turismo y Desarrollo Económico de la Capital, con el propósito de fortalecer el turismo comunitario y generar nuevas oportunidades de desarrollo económico para los vecinos.
Lejos de ser una feria convencional, la jornada se convirtió en un espacio de encuentro donde la comunidad abrió sus puertas para compartir su historia, sus saberes, su producción y las riquezas naturales que distinguen a este sector de la ciudad.
Sabores con historias
Uno de los grandes atractivos de la jornada fue la gastronomía, donde los vecinos desplegaron recetas tradicionales y propuestas innovadoras vinculadas con la producción local.
Entre las curiosidades que despertaron el interés de los visitantes se destacaron las hamburguesas elaboradas con carne de cabra y oveja, una alternativa que permitió incorporar nuevos sabores a productos característicos de la región.
Los vecinos anfitriones expusieron una variedad de verduras frescas, dulces artesanales y degustaciones que pusieron en evidencia la riqueza productiva de la zona.
Pero detrás de cada preparación también hubo historias de vida. Una de ellas fue la de Olga Lobo, nacida y criada en Banda de Varela, quien compartió con orgullo los conocimientos culinarios heredados de su madre. Entre recuerdos y anécdotas, contó que sus tamales llegaron a conquistar paladares mucho más allá de Catamarca. “Mis tamales son tan riquísimos que en un tiempo hasta se iban de la Argentina”, relató.
El paseo se completó con numerosos puestos de artesanos y emprendedores del barrio, de otros sectores de la Capital y de Valle Viejo. Entre ellos estuvieron Delicias Elu, Entre Hilos, Dulces Doña Lucía, El Moro de las Esquinas, Las Chacras y El Cardón, que aportaron creatividad y color a la propuesta, exhibiendo y comercializando sus producciones.
La naturaleza fue protagonista
La caravana de visitantes avanzó entre fértiles sembradíos y atractivos cañaverales que acompañaron el sendero hasta llegar al río, en un entorno que permitió apreciar la belleza y tranquilidad de este rincón de la Capital.
Allí, una particular peña de piedra, poblada de antiguos morteros, despertó la curiosidad de grandes y chicos y se convirtió en uno de los escenarios favoritos para las fotografías.
Fue una oportunidad para reconocer que, a pocos minutos del movimiento urbano, existen paisajes, historias y experiencias capaces de enriquecer la oferta turística de la ciudad.
El arte y una pequeña gran revelación
La música y la danza también tuvieron un lugar destacado, aportando alegría y emoción a la jornada.
Alumnas del Instituto Superior de Arte y Comunicación (ISAC), bajo la dirección de las profesoras Magalí Tolaban Beltrán y María Rodríguez, ofrecieron presentaciones de danza contemporánea y una interpretación de La Arunguita, que fueron celebradas por el público.
En el escenario, que contó con la coordinación y conducción de Franco Ocaranza, también se presentaron A Dos Vientos, integrado por estudiantes de música junto al profesor Pablo Arch; Luis Chazampi, Cocó Acosta, Los Hermanitos Herrera, Leo Herrera y su conjunto, y La Tríada.
Sin embargo, uno de los momentos más emotivos llegó de manera inesperada. Desde el público, Noha Velázquez, un pequeño de apenas 7 años, pidió cantar y terminó conquistando a todos con una interpretación cargada de seguridad, espontaneidad y carisma, que desató una verdadera ovación.






















