Los constantes incrementos de productos de la canasta básica, convirtieron, para una familia que subsista con un sueldo mínimo, el tomar mate y comer pan en un lujo diario. Así, para un padre y madre con dos hijos, poder merendar o mantener una “merienda de pobre”, como señala el dicho popular, supera los $100.
El incremento de la harina (a razón de 2 pesos por kilo para el consumidor), sumado al de otros insumos utilizados en la producción, más la suba del precio del trigo, trajeron como consecuencia un incremento en el precio del pan que hoy se consigue desde 50 pesos, en panadería y a 35, en supermercados o almacenes de barrio. Sus derivados, como facturas, cuestan entre 7 y 10 pesos la unidad, mientras que el pan con grasa sale un promedio de 50 pesos el kilogramo.
En el caso de la yerba, el último boletín de Precios Cuidados, emitido por la Secretaría de Comercio de la Nación, marcó el costo por kilo entre 58 y 63 pesos, las de segundas marcas. No obstante, conseguirlas en los supermercados es una cuestión de “suerte”, ya que se colocan pocas unidades por día y los consumidores deben optar por comprar desde 80 hasta 150 pesos una orgánica de primera marca.
El azúcar también marcó notables incrementos llegando un kilo a costar 30 pesos, dependiendo de la marca.
Si a estos precios le sumamos los nuevos costos del gas (para calentar el agua), una familia tipo, que gana un sueldo de menos de 9000 pesos por mes, puede erogar en una merienda, que antes se consideraba económica, más de 100 pesos (promedio) por tarde. Un lujo que, en tiempos de crisis, habrá que evaluar varias veces antes de elegirlo.
















