El examen existencial de la cuarentena

El mundo para el que fuimos educados está dejando de existir.

Estamos transitando una crisis general, donde los conceptos que traíamos dejan de tener coherencia. Aquello que fuimos aprendiendo respecto de la vida y del mundo, está desapareciendo.

La economía, el trabajo, la psicología, la educación, la ecología, el planeta nos plantea el desafío del cambio. Un cambio para la continuidad de la raza, los mares, los bosques y la sustentabilidad de vida.

Desde hace varios meses se están manifestando muchos acontecimientos personales y simultáneamente en la tierra: los incendios en el Amazonas, terremotos, sismos, inundaciones en lugares del mapa que no eran habituales, nos lo están mostrando. Asimismo sucede con las industrias, las creencias, los valores y la ciencia.

Es un momento donde como seres humanos deberíamos replantearnos qué nos trajo hasta este punto y cómo terminar con aquello que no nos permite avanzar. Pero: qué sirve y qué no de los avances que el hombre ha logrado en la tierra?

Somos frágiles ante lo que nos pasa por falta de conocimiento.

Quizás a la mayoría no le interese reflexionar sobre esto que sucede, sólo lo identifica como enemigo, sólo lo llama “virus” y no quiere pensar, simplemente HUYE. La cuestión es que al huir, al no reflexionar nos separamos más y no nos damos cuenta que somos UNO, un universo, un planeta, un dolor.

Y como es a través del dolor por dónde aprendemos,  no logramos ver que esto que sucede es para la sociedad y para cada uno.

Las crisis son sinónimo de mejora, a partir de cada acontecimiento difícil que experimentamos, podemos tomar consciencia y lograr transformaciones propias y colectivas.

Este confinamiento nos invita a reinventarnos, a reinventar las modalidades de trabajo, de educación, de actitud y de la manera de relacionarnos entre individuos, los vínculos afectivos son un espejo de cómo venimos haciendo las cosas.

El convivir con la familia, con la pareja, con los hijos, incluso con la soledad es una de las pruebas de fuego. Educar a los hijos desde casa, cuando siempre los hemos acostumbrado al frenetismo, responder al teletrabajo y sacar adelante lo cotidiano, nos puede poner de mal humor y llevarnos a pensar que no somos capaces. Acompañar a un familiar mayor, distinguir cuando es necesario dirigirnos a un centro de salud, o esperar a que algo pase, son sinónimo de hacer tareas externas, pero con consciencia.

Las circunstancias y el planeta nos exigen la mejor de nuestras versiones.
Todo aquello que no tenga que ver con la evolución del ser, llegará a su fin. La creatividad, el ímpetu y la empatía serán los valores que en esta nueva era de conocimiento serán demandadas.

Por Rocío Muñoz