Incendios en lugares impensables, se están destrozando ecosistemas únicos de un valor ecológico incalculable para la salud de todo el planeta. Ni siquiera países que históricamente se han mantenido ajenos a este drama se libran de esta realidad.
Desde hace algunos años el Círculo Polar Ártico registra incendios. En esta «helada» región, se registró el récord de temperaturas con 38ºC. En total, ardieron 5,5 millones de hectáreas que emitieron 182 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera. El Ártico se está calentando dos veces más rápido que el resto del planeta y, como consecuencia, se están generando incendios de alta intensidad.
En Argentina ya van 10 provincias afectadas: Entre Ríos (que también extendió sus focos a Rosario), Corrientes, Buenos Aires, La Pampa, San Luis, Córdoba, Santiago del Estero, Misiones, Catamarca y La Rioja, lo que equivale a más de 120 mil hectáreas consumidas por las llamas.
Rosario, la tercera ciudad más poblada de Argentina, se ha visto afectada por el humo de los incendios forestales en el Delta del Paraná, provincia de Entre Ríos. Allí, algunos ambientalistas consideran dichas quemas como intencionadas y piden medidas para proteger los ecosistemas. Pero otros alegan que es debido a la sequía y a las altas temperaturas, inusuales para esta época del año donde en algunos días supera los 35 grados centígrados.
Sergio Federovisky, Viceministro de Ambiente de la Nación, explica lo que ocurre en el Paraná: “son las consecuencias lógicas de un proceso productivo que ha avanzado sobre las islas del Delta Superior del Paraná de manera incontrolada, con loteos profusos, con lo que significó en su momento la apertura del puente Rosario – victoria como vía de acceso a las islas frente a Rosario principalmente y también como consecuencia del desplazamiento de la ganadería intensiva de la pampa firme empujada por la soja transgénica hacia áreas más verdes”.
EL delta del Paraná fue testigo de otros incendios que se dieron hace 12 años, de similares características, “fuera de temporada, lo que hace suponer que no se trata de incendios generados para asegurar nuevos brotes en los pastizales sino con la intención de abrir nuevos terrenos y obtener réditos económicos”, categorizó Federovisky.
Córdoba, más de 200 evacuados y hogares perdidos a causa del fuego en gran parte del valle de Punilla, aunque la situación es grave desde Alta Gracia, La Paisanita, San Roque, Valle Hermoso, Casquín, Villa Allende, aproximándose a los pueblos, ya que se encuentran a 50 km de la Capital cordobesa. Las cenizas del humo de esta provincia, llegan a La Pampa.
Al igual que en Santa Fe, no se registraban fuegos de esta magnitud desde el año 2008, aunque los incendios forestales en la región existen cada año. Pero este 2020 ha superado abruptamente los focos y se han perdido más de 12 mil hectáreas.
California, Estados Unidos, actualmente sufre enormes quemas agrestes acompañadas de una ola de calor que agudiza la situación. Cerca de 10.000 familias han sido evacuadas por el incendio conocido como ‘Apple’, que ya consumió más de 8.300 hectáreas.
La amazonía y el sur de África, también están bajo fuego, destacándose Brasil que registró más de 9500 incendios forestales en el territorio del Amazonas, 28 % más que en julio del año pasado.
Estos acontecimientos producen además del cambio biológico y ambiental, problemas para la gente que vive y habita en los humedales y que produce, que trabaja en apicultura como frutihortícola lo cual daña directamente su economía y pone en peligro sus hogares.
Portugal, uno de los países europeos más afectados por los incendios, donde el año pasado se quemaron más de 40.000 hectáreas de bosques. En agosto 2020 se registraron 140 incendios en 24 horas en varios focos del país, pero el más llamativo y preocupante es el de Oleiros, donde bomberos han perdido su vida.
La Secretaria de Estado, Patricia Gaspar, destacó que Portugal ha vivido «el julio más caliente desde 1931», y que los fuegos que se están registrando tienen «en gran parte origen en la mano humana”.
Moscú, en Siberia por el inusual y prolongado aumento de las temperaturas, entre enero y junio, ha sido cinco grados centígrados superior a la media, y en julio se registraron 10 grados más de lo normal en algunas zonas.
Este calor prolongado no sólo está produciendo numerosos incendios forestales, sino también un mayor deshielo del permafrost (la capa de tierra permanentemente congelada), lo cual puede provocar daños en las infraestructuras.
“El calentamiento es más rápido en latitudes altas en comparación con la media del planeta, debido a la llamada amplificación polar. Existen varias hipótesis sobre su por qué: desde el hecho de que es solo un accidente (algo poco probable) hasta la acción de varios circuitos de retroalimentación (en primer lugar, el hielo derritiéndose en el Ártico). Como consecuencia, el calentamiento en Rusia se produce aproximadamente dos veces más rápido que la media mundial”, explica Alexánder Chernokulski, investigador del Instituto de Física Atmosférica de la Academia de Ciencias de Rusia.
También han reaccionado las Naciones Unidas a través de la Organización Meteorológica Mundial. “El Ártico se está calentando dos veces más rápido que el planeta en promedio, lo que afecta la vida de las personas, los ecosistemas y tiene consecuencias globales”, dijo el secretario general, el finlandés Petteri Taalas.
Los incendios forestales tienen diferentes consecuencias sobre el medio ambiente, el daño y los resultados son evidentes, el impacto puede ser devastador.
Se interrumpen los ciclos naturales de los bosques y desaparecen las especies nativas. Aumentan el dióxido de carbono en la atmósfera contribuyendo al efecto invernadero y al cambio climático, ya que al generar cenizas se destruyen nutrientes y erosionan el suelo propiciando inundaciones y movimientos en la tierra.
En estos tiempos se ha soltado el engranaje de un reloj y parece sorprendernos a todos.
Son momentos convulsionados: miedos, instinto, muerte, ruido y silencio. El mundo no paró, sólo pararon algunos.
El virus, los incendios, los términos y comienzos de ciclos nos están empujando a una transformación radical de la existencia. Debemos parar, pensar, entender y distinguir qué nos dará la posibilidad como especie humana de hacer conscientes la subsistencia de la vida y del ecosistema, para que estos sacudones nos indiquen un camino mejor.
Rocío Muñoz
















