Ley de matrimonio Igualitario: se cumplen 10 años de la batalla ganada

Alejandra y Cecilia se casaron en Catamarca en 2016 y la gibernadora de ese momento, Lucia Corpacci, cumplió un rol fundamental.

Cada 15 de julio, desde hace 10 años, no es un día más para la comunidad LGTBI+ en Argentina y Latinoamérica. El 15 de julio de 2010, el Congreso de la Nación sancionó la Ley 26.618 de Matrimonio Civil, conocida como Ley de Matrimonio Igualitario, marcando un hito en la historia de lucha de decenas de años de lucha por adquisición de derechos.

Argentina se convirtió en el primer país de América latina en reconocer el derecho al matrimonio entre personas del mismo sexo en todo el territorio nacional. El artículo 2 establece que el matrimonio “tendrá los mismos requisitos y efectos con independencia de que los contrayentes sean del mismo o de diferente sexo”.

La ley fue el resultado de años de trabajo y de diversas campañas motorizadas desde las organizaciones LGBT argentinas. El primer antecedente data de 2002, cuando la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires promulgó una ley que estableció uniones civiles para parejas del mismo sexo, convirtiéndose en la primera ciudad en América Latina en hacerlo. La ley fue replicada en las ciudades de Río Negro, Villa Carlos paz, Río Cuarto y Villa María. Pero, si bien garantizó ciertos derechos del matrimonio, como incorporarse a la obra social o visitas hospitalarias, no incluyó el derecho a la adopción o la herencia. Finalmente, en mayo de 2010 la Cámara de Diputados aprobó una combinación de dos leyes propuestas para modificar el Código Civil a fin de permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. Dos meses después, el 15 de julio de ese año, la norma fue sancionada con 33 votos a favor y 27 en contra, luego de una sesión histórica del Senado.

 

En Catamarca, Alejandra Herrera se casó con Cecilia Stazzone, su testigo fue la doctora Lucia Copacci quien en ese momento era gobernadora de la provincia, pero en 2010 había levantado la mano a favor de la ley en el Congreso mientras cumplía el rol de diputada nacional.

“Estábamos en un bar de Córdoba, le pedí al mozo un papelito y le escribí ‘¿Te querés casar conmigo?’”, recuerda Alejandra sobre el mismo día que se sancionó la ley. Y finalmente, “nos casamos vestidas de blanco las dos y descalzas, porque estamos con los pies en la Tierra”, contó.

Mucho por hacer…

Más allá de los avances en materia de normativas, Alejandra indicó que “aún hay mucho por hacer, y manifestó: “La gente todavía nos discrimina y nos grita cosas por la calle”.

Alejandra concluyó que “que esta pandemia nos tiene que hacer mejores personas y estoy convencida que el amor vence al odio”.