El mate cumple 10 años como infusión nacional y 120 años de producción industrial con las primeras plantaciones del cultivo, y celebra el próximo jueves -30 de noviembre- su día con consumo sostenido y exportaciones en alza.
«Tomar mate implica mucho más que beber una infusión; es un gesto de amistad, de cordialidad; un sinónimo de encuentro que trasciende edades y estratos sociales», destacan desde el Instituto Nacional de la Yerba Mate (INYM).
«Gracias a sus reconocidas propiedades antioxidantes y energizantes, tomar mate también implica incorporar al cuerpo una serie de beneficios para la salud», subrayan desde el organismo público-privado.
Esta combinación de valores sociales, culturales y saludables llevó al Congreso de la Nación a sancionar en diciembre de 2014 la Ley 27.117, en la que se dispuso que cada 30 de noviembre se celebre el «Día Nacional del Mate».
La fecha conmemora el nacimiento del caudillo Andrés Guacurarí y Artigas, más conocido como «Andresito», quien nació el 30 de noviembre de 1.778 en la localidad correntina de Santo Tomé y gobernó la denominada Provincia Grande de las Misiones.
La norma promueve que en todos los eventos y actividades oficiales de índole cultural se promocione el consumo de mate y se haga hincapié en la bebida como representativa de las tradiciones nacionales.
Previamente, en 2013, el Congreso Nacional la declaró como «Infusión Nacional» a través de la Ley 26.871 sancionada el 3 de julio de ese año.
Los inicios de la infusión
Los orígenes del mate se remontan a la cultura de la etnia guaraní, que utilizaba las hojas de la planta de yerba mate (Ilex paraguariensis) como bebida, y eran objeto de culto y ritual, y moneda de cambio en sus trueques con otros pueblos prehispánicos como los incas, los charrúas y aún los araucanos a través de los pampas.
Caá en lengua guaraní significa «yerba», pero también significa planta y selva; para el guaraní, el árbol de la yerba es el árbol por excelencia, un regalo de los dioses; y tomar la savia de sus hojas era para ellos beber la selva misma.
Los conquistadores aprendieron de los guaraníes el uso y las virtudes de la yerba mate, e hicieron que su consumo se difundiera en forma extraordinaria al punto de organizarse un intenso tráfico desde su zona de origen a todo el Virreinato del Río de la Plata.
Más tarde los religiosos jesuitas introdujeron el cultivo en las reducciones distribuidas en el norte de la Argentina, y Sur de Paraguay y Sudoeste brasileño; y fueron los responsables de que la yerba mate fuera conocida en el mundo civilizado como el «té de los jesuitas».
Recién en 1903 en Santa Ana (provincia de Misiones) se realiza la primera plantación de yerba mate para reemplazar el, hasta entonces, consumo de plantas silvestres que crecían en la selva, que desaparecieron por la sobreexplotación del recurso.
En 2022 los argentinos consumieron más 275 millones de kilos de yerba mate y, según estudios encargados por el INYM, la yerba mate está presente en más de 90% de los hogares.
















