Una mujer en estado catatónico despertó tras 20 años

La joven estaba en estado catatónico, atrapada en el puesto de enfermeras, inmóvil, sin pestañear y sin saber dónde estaba o quién era. Se llamaba April Burrell.

Antes de convertirse en paciente, April era una estudiante extrovertida y sobresaliente que estudiaba contabilidad en la Universidad de Maryland Eastern Shore. Pero tras un suceso traumático cuando tenía 21 años, April desarrolló repentinamente una psicosis y se perdió en un estado constante de alucinaciones visuales y auditivas. La ex alumna más aventajada del instituto ya no podía comunicarse, bañarse ni cuidar de sí misma.

A April le diagnosticaron una forma grave de esquizofrenia, una enfermedad mental -a menudo devastadora- que afecta aproximadamente al 1% de la población mundial y puede alterar drásticamente la forma en que los pacientes se comportan y perciben la realidad.

“Fue la primera persona a la que vi como paciente”, afirma Sander Markx, director de psiquiatría de precisión de la Universidad de Columbia, que en los 2000, cuando conoció a April, aún era estudiante de medicina. “Es, al día de hoy, la paciente más enferma que he visto”.

Pasarían casi dos décadas antes de que sus caminos volvieran a cruzarse. Pero en 2018, otro encuentro fortuito dio lugar a varios descubrimientos médicos que recuerdan a una escena de “Despertares”, el famoso libro y película inspirados en el despertar de pacientes catatónicos tratados por el fallecido neurólogo y escritor Oliver Sacks.

Markx y sus colegas descubrieron que, aunque la enfermedad de April era clínicamente indistinguible de la esquizofrenia, también padecía lupus, una enfermedad autoinmune subyacente y tratable que estaba atacando su cerebro.

Tras meses de tratamientos específicos -y más de dos décadas atrapada en su mente- April despertó.

El despertar de April -y el éxito del tratamiento de otras personas con afecciones similares- podría transformar la atención que se le da a algunos de los pacientes psiquiátricos más enfermos, muchos de los cuales languidecen en instituciones mentales.

Los investigadores que trabajan con el sistema de salud mental del estado de Nueva York han identificado a unos 200 pacientes con enfermedades autoinmunes, algunos internados desde hace años, a los que este descubrimiento podría ayudar.

Y científicos de todo el mundo, entre ellos de Alemania y Gran Bretaña, están llevando a cabo investigaciones similares, descubriendo que los procesos autoinmunes e inflamatorios subyacentes pueden ser más comunes de lo que se creía en pacientes con diversos síndromes mentales.

Aunque la investigación actual probablemente sólo ayude a un pequeño subgrupo de pacientes, el impacto del trabajo ya está empezando a remodelar la práctica de este área de la medicina, así como la forma en que se diagnostican y tratan muchos casos de enfermedades mentales.

“Estas son las almas olvidadas”, afirma Markx. “No solo estamos mejorando la vida de estas personas, sino que las estamos sacando de un lugar del que no creía que pudieran volver”.

Despertar tras dos décadas

El equipo médico se puso manos a la obra para combatir el descontrolado sistema inmunitario de April y la sometió a un tratamiento intensivo de inmunoterapia para el lupus neuropsiquiátrico. Cada mes, durante seis meses, April recibiría “pulsos” cortos pero potentes de esteroides intravenosos durante cinco días, además de una dosis única de ciclofosfamida, un fármaco inmunosupresor de gran potencia utilizado normalmente en quimioterapia y tomado del campo de la oncología. También fue tratada con rituximab, un fármaco desarrollado inicialmente para el linfoma.

El tratamiento es agotador y requiere un descanso de un mes entre cada una de las seis rondas para permitir que el sistema inmunitario se recupere. Pero April empezó a mostrar signos de mejoría casi de inmediato.

Como parte de una prueba cognitiva estándar conocida como Evaluación Cognitiva de Montreal (MoCA), se le pidió que dibujara un reloj, una forma habitual de evaluar el deterioro cognitivo. Antes del tratamiento, se encontraba al nivel de un paciente con demencia, dibujando garabatos indescifrables.

Sin embargo, tras las dos primeras rondas de tratamiento, fue capaz de dibujar medio reloj, como si una mitad de su cerebro hubiera vuelto a funcionar, explica Markx.

Tras la tercera ronda de tratamiento, un mes después, el reloj tenía un aspecto casi perfecto.

Dibujar un reloj es una forma habitual de evaluar el deterioro cognitivo. Estos relojes, dibujados por April, muestran lo mucho que la estaba ayudando el régimen de tratamiento (Cortesía de Sander Markx)

A pesar de esta mejora, su psicosis persistía. Como resultado, algunos miembros del equipo querían trasladar a April de nuevo al Centro Psiquiátrico Pilgrim, dijo Markx. En ese momento, Markx tenía que viajar a casa, a los Países Bajos, y temía que, en su ausencia, April fuera devuelta a Pilgrim.

El día en que Markx tenía previsto volar, entró por última vez en el hospital para ver cómo estaba su paciente, a la que solía encontrar sentada en el comedor en estado catatónico.

Pero cuando Markx entró, April no parecía estar allí. En su lugar, vio a otra mujer sentada en la habitación.

“No se parecía a la persona que conocía desde hacía 20 años y que había visto tan deteriorada”, dijo Markx. “Me acerqué un poco más y pensé: ‘Madre mía. Es ella’”.

Era como si April hubiera despertado después de más de 20 años.

Un reencuentro feliz

“Siempre he querido que mi hermana volviera a ser quien era”, dijo Guy Burrell.

En 2020, April fue considerada mentalmente competente para recibir el alta del hospital psiquiátrico donde había vivido durante casi dos décadas, y se trasladó a un centro de rehabilitación.

Debido a las restricciones de visita relacionadas con el coronavirus, el reencuentro cara a cara con su familia se retrasó hasta el año pasado. El hermano de April, su cuñada y sus hijos pudieron por fin visitarla en un centro de rehabilitación, y la situación fue alegre y estuvo llena de lágrimas.

“Cuando entró, parecía una persona nueva”, dijo Guy Burrell. “Nos conocía a todos, recordaba cosas diferentes de cuando era niña”.

En un vídeo del reencuentro se ve que April aún estaba tímida y frágil. Pero su familia dijo que recordaba la casa de su infancia en Baltimore, las notas que sacaba en el colegio, haber sido dama de honor en la boda de su hermano… aparentemente todo hasta el momento en que los procesos inflamatorios autoinmunes empezaron a afectar a su cerebro. Incluso reconoció a su sobrina, a la que April sólo había visto de niña y que ahora es una mujer adulta. Cuando su padre entró en la videollamada, April comentó: “Oh, has perdido el pelo”, y se echó a reír, recuerda Guy Burrell.

La familia se sintió como si hubiera sido testigo de un milagro.

“Me abrazaba, me tomaba de la mano”, dijo Guy Burrell. “Podríamos haber organizado una fiesta porque estábamos muy contentos. No la veíamos así desde hacía una eternidad”.

“Fue como si hubiera vuelto a casa”, dijo Markx. “Nunca pensamos que eso fuera posible”.

 

Fuente: Infobae