Los sindicalistas que han devenido de necesarios interlocutores del Estado y la patronal a la nueva condición de mafiosos feos, ricos y malos, saben lo que les espera si tientan la suerte y hacen enojar a la Corona.
Están, como advertencias, la perfecta puesta en escena del procesado Pata Medina (con casco y chaleco antibalas al tono) las declaraciones de Mauricio Macri, que ayer habló ante empresarios, llevando en su pecho la detención del dirigente de la UOCRA como cucarda; los titulares y editoriales de los diarios que sin reparos estilísticos ponen que el Gobierno “apunta” (dimensionen el despreocupado uso de la palabra) contra otros dirigentes.
Deben temblar los apuntados. Serán los próximos citados por una justicia federal llamativamente proclive a dictar faltas de méritos para causas que involucran al Presidente y que es extremadamente servil para escuchar sus deseos, cada vez menos susurrados, cada vez más expresados a tambor batiente.
¿Estamos ante una Operación Manos Limpias a la criolla? Pura fantasía. No es secreto que esta verdadera ofensiva mediático-judicial contra uno de los sectores más cuestionados y cuestionables de la Argentina muestra, sin tapujos, las costuras del cálculo electoral y la proyección de la agenda legislativa y económica para el 2018. Permite a los dirigentes de Cambiemos sobreactuar su papel de guardianes del orden y sirve de herramienta disciplinadora para un grupo de gremialistas prestos de por sí a fumar la pipa de la paz, sin pedir demasiado de prenda…tan sólo un poquito de impunidad.
Aun cuando los resultados electorales no sean en octubre todo lo exitoso que se esperan en la Casa Rosada, la reforma laboral se anuncia indetenible en el horizonte. Será “a la brasileña”, como exigen algunos voraces CEOS, o será el fruto de la apenas negociación y del mínimo consenso (como suelen hacerse estas cosas, cuando la Corona siente que el mundo todo gira a su alrededor).
Por eso, mientras se exhiben en Cadena Nacional los lujosos autos de Medina, también se cuenta, como al pasar, que la deuda externa creció un 15,8% en muy poco tiempo y que la balanza comercial tiene un rojo record, gracias a las importaciones que entran a raudales y duplican lo ocurrido en el año 2016. Distracciones, lo que interesa no es hablar de estos detalles e impertinencias. Lo que importa es adentrarse en el misterio de los narguilis orientales, que vendrían a ser la reencarnación posmoderna de las corbatas del fugaz presidente Lastiri.
Ahora tenemos ruido y pus en el lugar donde importa escudriñar. Las vísceras abiertas de un modelo sindical que siempre se hace al amparo del poder de turno, que es durísimo con las disidencias internas, que posterga hasta el infinito la renovación de las conducciones, que niega representación a las minorías, que sigue gozando de la buena vida cuando a sus representados les va cada vez peor y que es capaz de entregar a los más impresentables de los suyos, con tal de asegurar la supervivencia del resto de la manada: los gordos dirigentes que posan sonrientes en el Ministerio de Trabajo y en la Jefatura de Gabinete.
Pero ser sindicalista en la Argentina no es sólo eso. Existen, aún cuando se recuerde muy poco (y en esto también hay aviesa intención) innumerables casos de dirigentes honestísimos, humildes y valientes que nunca fueron dóciles ni con los patrones, ni con el Estado. Nada es casualidad. En la mayoría de los casos, son ellos y ellas quienes orientan a los sindicatos que más resisten al ajuste actual. Son, también, los que tienen más luchas y dolores que contar sobre pasadas experiencias de confrontación con dictaduras y planes neoliberales.
Indiferente a los pronósticos de la Justicia argentina (que dice “fuimos por este, ahora vamos por tal”) la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) decidió poner bajo la lupa como tema de alta preocupación la situación de los derechos laborales en Argentina y prepara una audiencia para el 24 de octubre en la que participarán un conjunto de organizaciones que denunciaron la vulneración de las garantías de los trabajadores en distintos planos durante el gobierno de Mauricio Macri. Entre los hechos denunciados se encuentra la intensa campaña difamatoria realizada contra el sindicalista docente Roberto Baradel, la intervención de la Asociación Gremial de Empleados y Funcionarios del Poder Judicial de Mendoza, la condena de miembros del Sindicato Único de Docentes de Tierra del Fuego y la intervención al Sindicato de los Canillitas y el desplazamiento de su secretario General, Omar Plaini, por decisión del juez Marcelo Martínez de Giorgi, decisión luego revocada por la Cámara Federal.
Ay, que inoportuno advertir sobre estos hechos…sigamos embelesados mirando la pipa turca en la que fuma el Pata Medina.
Jorge Perea








